Emotional Mugger – Ty Segall (2016)

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El objetivo es no parar, que el oxígeno no deje de fluir por el cerebro, soltar todo el lastre que se pueda y subir a lo más alto del cielo. Meter mucha electricidad y energía, tomar las enseñanzas del don don David B. e inventar un personaje nuevo para cada montaje, sacar a tus amigos del armario, montarlos en tu globo y correr mundo, una nueva gira, doscientas galas, más discos vendidos, y en las horas perdidas de motel, seguir escribiendo y componiendo nuevos discos que verán la luz en los próximos tiempos, futuros remotos o cercanos, mañana mismo si llegamos a un acuerdo con la compañía en el reparto de derechos.

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Ty Segall, con ese nombre tan de medicamento eficaz para la resaca, parece componer desde un garaje que hace de laboratorio para su rejuvenecimiento permanente. Ante cualquier duda, aumenta el volumen y la distorsión sin importarle si va hacer sufrir a su afición, ¿provocará desvanecimientos? No lo sabe ni creo que le importa: ha metido en la partida a unos cuantos amigos de correrías y ha decidido que no piensa parar hasta que la noche y las transiciones pongan fin a su partida. Estirará su truco teenager hasta que se quede sin cartas, sin dados, sin ruleta, sin tablero, sin fans, sin escenarios y giras, sin instrumentos, rodies y managers, sin drogas y comida, sin fondo físico, sin saliva ni lengua ni cuerdas vocales, sin pelo y barriga, sin vinilo y fundas y material plástico para cds, sin representantes, sin editorial, sin sol, luna, calendarios mayas, aztecas o incas, sin presencias extraterrestres en sus conciertos, sin chemtrails ni espías del gobierno durante sus conciertos…. Tirará adelante hasta que el cuerpo aguante, como suele decirse en estos casos. Y para muestra este “Emotional Mugger” para quien le haga gracia.

Una buena reseña:
Emtional Mugger según el Quinto Beatle

Y la muestra de un botón:

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2014 (un tast de cançons)

Matthew Halsall & The Gondwana Orchestra: When the World Was One

Juçara Marçal – Encarnado

Spoon – They Want My Soul

Ty Segall – Manipulator

We are Catchers – We Are Catchers


Perfume Genius – Too Bright

Studio One – Rocksteady

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Música, Música

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M’ho va dir el calb aquell. Amb un to de menyspreu com fusta nua. L’aire de superioritat moral, aspre al tacte, que em va decidir de distanciar-me. Que et fotin, vaig dir, i vaig afegir de pensament unes notes ploroses de violins. Serveix per això, per ambientar una circumstància sense necessitar instruments reals ni saber-los tocar. Pensar una nota, realitzar-la, fer-la sonar com la d’aquell disc. Recuperar uns versos carregats de mala llet, no cal saber cantar, els penses i ja ho tens. Com aquell “per què vols TV si tens T-Rex”, que encara em recorden algú de “L’endemà”. Una melodia que recupera un moment feliç, aquelles tardes fumades a can Charlie. Els setembres vermells amb Jimi Hendrix o els Stooges. La compro o descarrego, faig un mur d’aïllament, com quan abans sortia a passejar amb els auriculars a les orelles, escollia un disc i m’escrivia una escena baixant a plaça Catalunya, driblant turistes i transportistes a ritme de Primal Scream, o perseguint fantasmes darrere la partitura de Barry Adamson. Trencant murs muntat en el desordre d’Ornette Coleman. Llegint Knausgård, o Zweig, o Shriver, o Saunders, la música supera la prosa i esquitxa el terra perquè hi patinin les opinions prefixades. Nans i gegants.
Sonen les Sueques i és pregunten qui ets tu.
Música. Per donar i vendre.

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