Blackstar – David Bowie (2016)

El tipo se lo cocinó y comió sabiendo que se estaba yendo. Como el tahúr que era, jugando siempre con las cartas marcadas.

blackstar Quiso dejarlo todo recogido, se lo exigió al límite de sus fuerzas; después de haber hecho de todo, era lo mínimo, debió decirse el comediante: desde bailar con la más fea a contemplar el mundo desde una cima para elegidos. Quería el control último de los detalles a pesar de jugar con las fuerzas justas. Que no fallara nada. No antes de desaparecer tras la cortina. Sabiendo que se iba, necesitaba un último esfuerzo, esa obra final que sellase su destino (que seguramente no será la última. Ya corre la voz que tenía otro disco en ciernes. Igualmente, compañías y ejecutivos ya habrán arramblado con todo el material posible de cara a esos aniversarios que tanto les ponen y que les van como anillo al dado para llenar la caja de los beneficios). Un testamento, su testamento, a pesar de la quimioterapia, los paliativos, la debilidad de determinados momentos y el mal trago que estaría pasando cuando le prohibieron fumar (¿o fumabas a escondidas en los lavabos, David?). Seguro que lo comenzó a grabar cuando acabo el anterior, seguramente cuando el médico le fue con las malas noticias de los últimos análisis y le activó la cuenta atrás. Le imagino convocando a sus colaboradores y poniéndoles a trabajar, firmadas previamente las cláusulas de confidencialidad sobre su próxima marcha. Imagino a David, obsesionado con los mensajes que quería hacer sonar, sobre cómo los haría sonar, le supongo enfadado con él, con la enfermedad, con el mundo, con el peldaño que querría subir y con la debilidad que le trababa el esfuerzo, con querer seguir grabando mientras las asistencias se lo llevaban a rastras del estudio. Afortunadamente, el disco salió adelante como él había previsto, a pesar que seguramente se fue a la tumba envuelto en un mar de dudas, le supongo un musitado “y seguro que no estaré haciendo el ridículo”, a su fiel productor Toni Visconti en el momento de su despedida, “¿lo habré hecho suficientemente jazzy, jefe? ¿Sonará con ese toque Berlín que quería dar al ambiente del disco”. Y el fiel Visconti, diciéndole que sí, que no se preocupara, que todo estaba hecho y que ya podía dejar tranquilo el planeta. ¿Y venderlo?, pregunto con la mente enturbiada y una sonrisa cómplice. “Sí, David”. En las puertas de la muerte, debió contemplar su recorrido y sentirse bastante cómodo con algunas excepciones, pocas, debido a ese callejón sin salida que oprime a veces las almas de los creadores y que provoca algún patinazo. Hasta llegar hasta este suntuoso y bello “Blackstar” que podemos encajarlo por el lado romántico de la muerte planeada, o por el lado de seguir haciendo sonar la caja registradora por la vía del morbo. O sencillamente que se fue y nos dejo esto como regalo de despedida, como parte del testamento que merecemos aquellos que le seguimos y ingresamos nuestro dinero a su cuenta, a cambio de unos determinados momentos sellados con su música. Como los gustos, los culos y los colores, cada uno con el suyo.

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