Sur la piste de danse – Laure Briard (2016)

Me encanta el francés y no lo puedo remediar.

laure-et-moi

Ya, no es nada original, porque parece que siempre sea lo mismo, pero también depende de como lo hagan. La cosa se arrastra de hace tiempo. Siento que me repito cuando explico las matinales de domingo con el viejo Ton Rovira pinchando en el comedor de casa los discos que traía de Francia. Brel, Brassens y Ferrer, la mítica delantera BBF que arrasaba con todo en ese momento y que fueron el primer germen de mi melomanía. Brel, Brassens y Ferrer a saco con los balcones abiertos hasta que mi madre nos enviaba a paseo, a Plaça Reial o a la Fundació Joan Miró. A donde nos llevara el viento con esas eres guturales franceses pegadas a la oreja. Así era imposible hacerle ascos al francés. Con el tiempo llegó el momento de conocer a Gainsbourg y a Michel Polnareff y Jacques Dutronc y más o menos todo lo que la industria francesa cuida y vende con su sello. Muy ellos, ellos. Entonces, cada año se sacan de la chistera alguno de sus productos homologados con su arrogancia de doble erre y ese mirar por encima del hombro tan suyo como si aún mandasen en el mundo.

Laure Briard, sí, la conocen en su pueblo, vino el otro día a Barcelona, tocó en un bar perdido de la Vila de Gràcia y nadie se dio por aludido (excepto el gran Miqui Puig, que por eso es grande). El disco que presentaba, “Sur la piste de danse”, tiene lo que le puedes pedir al francés: desidia pop e inflexiones guturales, el aroma de los sesenta en cuanto abre la voz y asoma France Gall y Francoise Hardy, el imaginario Gainsbourg en cuanto suenan los arreglos de cuerdas, Polnareff y Dutronc cuando la chica se pone eléctrica y si se pone experimental aparecen Stereolab, con el savoir-faire de Bertrand Burgalat o del último Benjamin Biolay. Laure obedece al libro de estilo que se sacaron de la manga en los 60’s cuando la chanson se cruzó con el pop. Entonces bouquet, cultura y conocimiento. Ahora romántica, ahora sarcástica, ahora displicente. 60’s, 70’s y más allá del 2000. Servido con un repertorio de canciones todas justas en proporciones, brillantes y evocadoras, con sus erres bien puestas, listas para bailarlas en la pista de baile, ¿dónde, si no?

El disco en Spotify

La entrevista de Town Feeling

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Bonnie & Clyde – Serge Gainsbourg & Luna (1968 – 1995)

Vint-i-cinc anys fa avui que se’n va anar. Amb el paquet de Gitanes a la butxaca, el llavi tort de tastar tanta boca molla i agraïda, fart de cardar en mil postures, d’haver-se beneficiat el bo i millor de la República Francesa (tret de l’americana Whitney Houston), fart de deixar-se la gola cantant quan no arribava a notes gaire altes (ell tampoc és que fos un gegant) i decidir llavors arrossegar la veu al micròfon, sense afaitar si podia ser, ni empolainar-se gaire (segur que tampoc feia gaire bona olor); aquest era el preu a pagar per Gainsbourg. La ment embotida, l’alè d’alcohol i tabac, el gest contret, l’insult a punt de solfa quan no la provocació que duia entre les dents. El cor afeblit i l’excés de velocitat. Viure ràpid, morir convenientment jove i no tocar-li gaire allò que no sona. Si es llevava aquell dia, feia. Si no, tampoc s’ensorraria el món si no es presentava. Anar fent, cantar poc, viure molt.

Aqui un himne

Vous avez lu l’histoire
De Jesse James
Comment il vecut
Comment il est mort
Ca vous a plus hein
Vous en d’mandez encore
Et bien
Ecoutez l’histoire
De Bonnie and Clyde

Alors voila
Clyde a une petite amie
Elle est belle et son prenom
C’est Bonnie
A eux deux ils forment
Le gang Barrow
Leurs noms
Bonnie Parker et Clyde Barrow

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

Moi lorsque j’ai connu Clyde
Autrefois
C’etait un gars loyal
Honnete et droit
Il faut croire
Que c’est la societe
Qui m’a definitivement abime

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

Qu’est c’ qu’on a pas ecrit
Sur elle et moi
On pretend que nous tuons
De sang froid
C’est pas drol’
Mais on est bien oblige
De fair’ tair’
Celui qui s’met a gueuler

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

Chaqu’fois qu’un polic’man
Se fait buter
Qu’un garage ou qu’un’ banque
Se fait braquer
Pour la polic’
Ca ne fait pas d’myster
C’est signe Clyde Barrow
Bonnie Parker

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

Maint’nant chaq’fois
Qu’on essaie d’se ranger
De s’installer tranquill’s
Dans un meuble
Dans les trois jours
Voila le tac tac tac
Des mitraillett’s
Qui revienn’t a l’attaqu’

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

Un de ces quatr’
Nous tomberons ensemble
Moi j’m’en fous
C’est pour Bonnie que je tremble
Qu’elle importanc’
Qu’ils me fassent la peau
Moi Bonnie
Je tremble pour Clyde Barrow

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

D’tout’ facon
Ils n’pouvaient plus s’en sortir
La seule solution
C’etait mourir
Mais plus d’un les a suivis
En enfer
Quand sont morts
Barrow et Bonnie Parker

Bonnie and Clyde
Bonnie and Clyde

I aquí una versió (ni millor ni pitjor)

bonnie and clyde

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2 – Serge Gainsbourg (1959)

El segundo disco de Gainsbourg. En la cubierta se ofrece fumando, con pistola, ramo de rosas y escritorio para recibos y cheques. Sus valores para un futuro presente, galán y canalla, seductor y crápula, con la desgana que seduce y la pausa de quien apura cigarros y copas, aunque el nervio invite a perderse. Supongo que Gainsbourg pretendía robar imagen a Delon, intentar transmutarse en él y quitarle las chicas, el dinero, las noches y las aventuras perdularias aun saliendo malherido. Con su segundo, se buscaba la vida y eso no entrañaba ningún problema. Galán a horas, cantaría lo que fuera, entonaría como le dijeran, haría de buen chaval o de acompañante modoso para señoras aburridas en noches desangeladas. Dotado de una voz decente y talento para la balada, hacía como entonces hacían los cantantes del momento y se crispaba bajo la luz blanca del cañón con la mirada lánguida y sudando colonia barata. Pensaba que ya llegaría el momento de ir y hacer como quisiera, entonces ni se lavaría y bebería cuando fuera. 1959. Enclenque, de ojos saltones y orejas extragrandes como imagen de marca, combatía las imperfecciones con el desdén que le iba a hacer grande. Frente al micrófono y junto a una cortina que se caía de vieja, daba cuerda a la balada triste y a la canción ligera soltando los versos como una máquina de tabaco, con la mirada puesta más allá del aburrimiento y del amor que proclamaban las parejas.

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L’avorriment


Si s’avorria, calia fer alguna cosa, donar-se un homenatge, així ho qualificaven les amigues més íntimes. Allò de ser la lletja de la colla li havia anat de conya per passar desapercebuda. S’ho havia hagut de treballar el doble, o el triple, d’acord, però allà la tenien, escalfant seient oficial, amb xòfer, secretari i totes aquestes bajanades i deferències que tornaven boges les amigues. Però ella volia una altra cosa, sempre hi havia una altra cosa. Com quan, allà, a la delegació provincial, va cruspir-se la competència que volia fer-li el llit. Sempre amb el “però mira que és lletja”. Sí, però mai havia passat gana, perquè, deia, tenia la fórmula: allò de buscar-los els ulls i clavar la mirada que despulla i, llavors, passar-se el dit per la boca, com si fos… La seva especialitat era els ecosocialistes de la cambra, més lliures sexualment que no pas els pesats i morals del partit. D’un escó a un altre, treia a passejar el ditet, somreia i en deu minuts els tenia en el lavabo. A xisclar pel país i la democràcia damunt la tassa del vàter. Després, unes ablucions. I diumenge, missa i confessió que ho poden tot. Tret de l’avorriment, que és cosa terrenal.

 

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