Rock Springs – Richard Ford (1987)

“El pensaba que ella regresaría un día al hogar, y que la vida volvería a comenzar. Pero yo me había hecho a la idea de que las cosas acaban y jamás vuelven a empezar, lección nada difícil de aprender cuando no se ha visto sino eso en el entorno. Y en aquel momento me pregunté únicamente si mi madre me había mentido alguna vez, y – si lo había hecho – en qué…”

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Richard Ford reflexionaba hace unos días sobre la victoria del presidente Trump en un artículo en El País. Podemos darle las vueltas que queramos, pero siempre ha ocurrido igual con los candidatos favoritos y los pretendientes.Damos el éxito a uno y gana el otro. Pasó con Ronald Reagan ¿Cómo van a poner a semejante actor chusco de presidente? Lo fue. Llegó Bush padre para aprovechar el derrumbe del muro soviético y encendió el asunto árabe. Llegó de Arkansas el outsider Clinton para batir contra pronóstico al héroe de la guerra del Golfo. Ocho años después, reaparece Bush padre reencarnado en el hijo para derrotar al glamouroso Al Gore y continuar con la faena en Oriente Medio. Ellos, quienes sean, se lo guisan y se lo comen, esperan su turno para sus ocho años limitados de mandato. Esperan sabiendo que les llegará la tanda. ¿Cómo podía ganar Trump? Pregunten a sus ciudadanos. Seguro que muchos dirán que les importa un rábano.

Ford se pregunta por el fracaso cuando en el 87 describió las causas en los cuentos de este “Rock Springs”. Vidas devastadas sin principio ni fin, vidas elementales en cuanto a necesidades básicas, sobrevivir con el dinero justo, cualquiera de sus personajes podría aseverar que sin el mañana vivirían mejor. Repetición automática de los errores, delinquir, engañar sin cargo de conciencia, porque los planes son los que son. La gente de sus historias, practicantes de un carpe diem nihilista, no van a esforzarse por encontrar una solución. Ni aún menos ponerse a arreglar el país. Motel, coche robado, fantasías de minas de oro. Cambiar de faena, de un bar a una bolera o a una granja, de pareja, aquella por aquella otra que está igualmente desesperada. Reincidir. Robar. Aceptar la condena y hasta que le liberen. Venir de una guerra, meterse en otra y perder, por supuesto. ¿Cómo a esta gente va a importarles lo que pase en la Casa Blanca? Leyendo el libro vemos a Trump como una proyección social de esa gente, esa gente que no vota, por supuesto, que debe despertar el jueves de la votación preguntándose si hay algo importante qué hacer hoy y no recordar. ¿Realmente les va importar quién mande? Y por lo que parece son legión. A partir de aquí, los grupos de presión de arriba se reparten el pastel. Ocho años unos, ochos años otros. Y no hay más cera que la que arde.

Eye of a hurricane, listen to yourself churn.
World serves its own needs, dummy, serve your own needs.
Feed it off an aux speak, grunt, no strength.

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Rock Springs – Richard Ford (1987)

Empezaba a hacer frío, como ahora. Y Judy se levantó de pronto y se puso a dar palmadas. Palmadas, nada más. Y todos los patos alzaron el vuelo; todos menos uno, que se quedó allí en el suelo. Supongo que tendría las patas heladas. Ni siquiera intento volar: se quedó quieto, posado sobre el hielo. Judy me dijo: Es una simple coincidencia, Dottie. Es la vida salvaje. Siempre hay uno que se queda atrás
…Siempre hay uno que se queda atrás.

Son historias que sobreviven entre el faro de Nueva York y las luces de Los Ángeles, entre un amanecer de Boston y un crepúsculo de San Francisco. Siempre con la vista en la cálida y seca Florida, reducto de sueños en chándal rosa, dentadura nueva y tinte caro.
247 páginas y los ojos tragan un mejunje amargo de tristeza. De la primera a la última, de esa manera, clavando la uña del pulgar en el papel cuando pasas página. Sí, mucho poderío, barras de oro y chips de estrellas, pero de una costa a otra, un vacío similar al de la depresión cuando golpea abajo. Respirando aire de nada.
Aire de desidia permanente, perdición, la condena que llevamos escrita en la partida de nacimiento, esa fe de bautismo que un desconocido conserva doblada en una carpeta. Entre esos carteles cinematográficos, el frío y el viento barren unas vidas de biblia y caravana, como antiguos pioneros condenados al desierto eterno, puritanos convencidos que dieron la espalda al mundo y a la esperanza.
10 historias de una prosa que avanzan con las pulsaciones medidas. Muestran, no dicen, describen, no juzgan. Con la cuchilla afilada del sentimiento. Ford no hace prisioneros cuando muestra las heridas. Distancia, pugna, alcohol, desamor. Constantes vitales de esa mentira obstinada que siempre asoma tras la última excusa.
Las vidas de Richard Ford marchan al ralentí por una pendiente interminable; asciende al cielo oscuro que anuncia un nuevo día. Cuando alcanzan la cumbre recortan sus sombras en el azul, cuando el primer rayo de la mañana las toca se deshacen.
Vidas de ceniza y polvo.

Neil Young – Old Man

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