Paterson – Jim Jamursch (2016)

Entre el blanc i negre i el color…

Jarmusch, poeta del cine en los 80, con su blanco y negro, su silencio, su absurdo sentido del humor, regresa (o lo intenta) al lugar de los hechos. Vuelve a probar con la poesía después de su avieso invento fallido de los vampiros y la sangre que siempre vende. Porque se trata de eso, en este negocio que no pasa por su mejor momento. Entonces imagino al director pensando una idea que le permita sobrevivir, insistiendo con su sello aparentemente minimalista y a la vez probando a vender entradas. Regresa al lugar de las flores rotas de Bill Murray, metiendo elementos de otras películas suyas: actores desconocidos, relojes y paso del tiempo, skteches de repetición diaria, reflejos en un cristal, tiros de cámara realistas, absurdo, pasmo por un lado y una cierta extravagancia. En su momento dio visión al realismo sucio literario de Carver y compañía, en un principio le salió bien lo de dibujar la indecisión en las vidas que funcionan sin mañana y dudan por exceso de alcohol o hambre, por egoísmo o supervivencia, o por falta de amor. Ha vuelto a eso, a ese realismo sucio pero con color (a pesar del chiste que se hace sobre el blanco y negro durante la película) entre magdalenas y sueños country, con conductores de autobús poetas, con la vuelta diaria con el perro, la cháchara de bar y las postales bonitas que se le pueden sacar de cada ciudad del mundo si se tiene un poco de ojo eléctrico. Y tal.

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