Musica de la setmana

Segueixo la recerca. Més música. Demaneu si voleu ajuda.

Oscar Peterson & Roy Eldridge – She’s funny that way

Òrgan i trompeta. Blues & jazz. Ella es divertida d’aquesta manera. Perquè la música esdevingui banda sonora de les nostres vides.

Neil Young – After the Gold Rush

Barcelona, divendres sants. Els carrers plens de visitants fan la ciutat més fantasma que mai

There was a band playing in my head
And I felt like getting high.
I was thinking about what a
Friend had said
I was hoping it was a lie.

Exquirla – Destruidnos juntos

El Niño de Elche segueix amb els invents. Ara toca barrejar-se amb post-rock o com vulguin dir-li a aquest rock depressiu de grans pantalles sòniques fetes amb guitarres. Ell va a la seva, amb la seva veu en té prou per a travessar-les i arribar fins a les nostres orelles.

Gonzales & Jarvis Cocker – Room 29

Podem odiar-los pel seu estil amanerat. Per un excés d’impostura? Jarvis Cocker s’arravata i treu a passeig el seu crooner més tragicòmic. Quan calgui es busca un piano i ens canta.

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B’lieve I’m going down – Kurt Vile (Matador 2015)

Do you got wise blood that come when [?]
I’m an outlaw on the brink of
Self-implosion
Alone in a crowd on the corner
Going nowhere slow
(I’m an outlaw)

Que la pelambrera que se gasta el artista no engañe, porque el señor Vile no se despeina con sus canciones. Ya no. O cada vez menos. Su pulso busca bajar el latido de la música que compone para practicar aquello tan viejo de echar el lazo a la cintura de nuestras almas, sobre todo las que caminan más lentas, que son más sencillas de atrapar. Claro, todo apunta a una mirada interior. De aquí, el titulo. “Creed, me voy abajo”. Ni que lo digas muchacho. La vitalidad esparcida en otros discos ha sido apartada a un lado para que no moleste o distorsione el resultado. Como se recoge una mata de su cabellera detrás de una oreja para que no le importune. Así, la cadencia de banjos y baterías, el sonido tristón de los pianos eléctricos, el trote deslavazado que acompaña la melodía, todo eso suena a “créanme, me siento realmente bajo de ánimo” y el oyente le cree sin dudas. La voz suena como un maullido, yanqui, tejano, muy del centro del continente, cerca del chillido alegre, lo que ustedes quieran, pero tendiendo siempre al quejido. La voz se arrastra por los arpegios de la guitarra, por el chispeo de una pandereta que se aleja de la fiesta y la jarana, suena como un cúmulo de estrellas tristes brillando, distantes unas de otras a millones de años luz. Kurt se recoge otra mata de pelo en la oreja y se muerde un labio. De acuerdo, es la vida en su expresión más brutal cuando toca el fondo, como lo hizo Neil Young, en su versión campestre, o Lou Reed, desde el avispero de NYC. A pesar de todo sigue siendo vida, te cantan en estéreo Lou desde la tumba y Neil, viejo. Kurt, deprimido, mete sus arpegios que son cortinas corridas con manos viejas. A la siguiente canción, la vida, aunque parezca imposible, puede aún apagarse un punto más de lo que estaba. A partir de aquí sus canciones se alargan como desiertos sin posibilidad de agua. Es tu decisión atravesarlos o no. Jugarte el tipo, quedarte sin humedad vital, morir abrasado por un sol de tristeza. Porque Kurt va a seguir cantando a la vida desde ese lado oscuro mientras vuelve a recogerse el pelo. Lo crean o no, no estoy en mi mejor momento. Pero, ya saben, es cuando a veces salen mejor las cosas. Mal le pese al artista. Pues eso.

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Don’t let it bring you down – Neil Young (1970)

Només són castells que es cremen

Old man lying by the side of the road
With the lorries rolling by,
Blue moon sinking from the weight of the load
And the building scrape the sky,
Cold wind ripping down the allay at dawn
And the morning paper flies,
Dead man lying by the side of the road
With the daylight in his eyes.

Don’t let it bring you down
It’s only castles burning,
Find someone who’s turning
And you will come around.

Blind man running through the light of the night
With an answer in his hand,
Come on down to the river of sight
And you can really understand,
Red lights flashing through the window in the rain,
Can you hear the sirens moan?
White cane lying in a gutter in the lane,
If you’re walking home alone.

Don’t let it bring you down
It’s only castles burning,
Just find someone who’s turning
And you will come around.

Don’t let it bring you down
It’s only castles burning,
Just find someone who’s turning
And you will come around.

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Rock Springs – Richard Ford (1987)

Empezaba a hacer frío, como ahora. Y Judy se levantó de pronto y se puso a dar palmadas. Palmadas, nada más. Y todos los patos alzaron el vuelo; todos menos uno, que se quedó allí en el suelo. Supongo que tendría las patas heladas. Ni siquiera intento volar: se quedó quieto, posado sobre el hielo. Judy me dijo: Es una simple coincidencia, Dottie. Es la vida salvaje. Siempre hay uno que se queda atrás
…Siempre hay uno que se queda atrás.

Son historias que sobreviven entre el faro de Nueva York y las luces de Los Ángeles, entre un amanecer de Boston y un crepúsculo de San Francisco. Siempre con la vista en la cálida y seca Florida, reducto de sueños en chándal rosa, dentadura nueva y tinte caro.
247 páginas y los ojos tragan un mejunje amargo de tristeza. De la primera a la última, de esa manera, clavando la uña del pulgar en el papel cuando pasas página. Sí, mucho poderío, barras de oro y chips de estrellas, pero de una costa a otra, un vacío similar al de la depresión cuando golpea abajo. Respirando aire de nada.
Aire de desidia permanente, perdición, la condena que llevamos escrita en la partida de nacimiento, esa fe de bautismo que un desconocido conserva doblada en una carpeta. Entre esos carteles cinematográficos, el frío y el viento barren unas vidas de biblia y caravana, como antiguos pioneros condenados al desierto eterno, puritanos convencidos que dieron la espalda al mundo y a la esperanza.
10 historias de una prosa que avanzan con las pulsaciones medidas. Muestran, no dicen, describen, no juzgan. Con la cuchilla afilada del sentimiento. Ford no hace prisioneros cuando muestra las heridas. Distancia, pugna, alcohol, desamor. Constantes vitales de esa mentira obstinada que siempre asoma tras la última excusa.
Las vidas de Richard Ford marchan al ralentí por una pendiente interminable; asciende al cielo oscuro que anuncia un nuevo día. Cuando alcanzan la cumbre recortan sus sombras en el azul, cuando el primer rayo de la mañana las toca se deshacen.
Vidas de ceniza y polvo.

Neil Young – Old Man

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