Human Performance – Parquet Courts (2016)

Grupos que se disfrutan con los deberes hechos. Tres discos, cinco años de carrera por escenarios principalmente bajos. De punk rock a indie rock. De historias sórdidas a cuentos de moteles, giras, casa, festivales, portadas de revistas, más giras y que sea lo que Dios quiera.”Here they are Parquet Courts”

Quizás sea este uno de los objetivos. Quizás sea uno de esos fines que más envidia me produzca. Darle una vuelta más a la tuerca y que todo encaje y nada se mueva de sitio. Quizás sea unos de los propósitos que más me excite de la creatividad y que sienta como mía cuando la percibo en determinados artefactos como este. Tercer disco y creciendo sin moverse un ápice del estilo que vienen marcándose desde que comenzaron. Podemos llamarle punk, porque esa es su inspiración, luego podemos ponerle la etiqueta que queramos al rock chillón que practican, ese estilo universitario que parece como la división de las promesas del baloncesto que tanto tirón tiene en los USA, la cantera de las bandas grandes que no para de producir grupos para el circuito de salas de 150 a 300 personas. Madera, cerveza, chicas y chicos, sudor, olor a fuego y un cuadrilátero. Escuchando este tercer disco, nos sigue viniendo a la boca el gusto de unos pioneros como Modern Lovers, cuando el punk del 75/76 era la entelequia de una segunda generación deseosa de acortar las canciones y los eternos solos de tres guitarras concatenadas. Las canciones parecen escapar de un modelo determinado, sobre todo del sobre-actuado, del impostado, Chavales melenudos perjudicados por el acné paran, piensan, interrumpen una determinada situación de la que puedan salir sintiéndose importantes y esa es la cuestión. Misophonia! Cautivo del sol. Y cuando piensas que todo va a funcionar por la vía del bombo caja, quitan batería y dejan esas guitarras casi minimales que arrastran sus voces de megafonía de supermercado que sueltan cuando cantan. Exceso de realismo sucio? Podría ser. Sueltan el bordón, juntan las voces para que una suene más hueca que la otra, se sorben los mocos para que la dicción vibre espesa de falta de ganas de vivir, porque tienen ese punto existencial que han dado tanto de comer a grupos USA sin oportunidades de futuro como los Pixies o Dinosaur Jr para acabar convertidos en reyes del mambo sin canciones de amor. Les ves, observas sus pintas y sabes que van de eso. De querer pasar por lo que no son. Eso exactamente. De repente, unas notas se entrometen con otras, tropiezan las voces, la batería suena hueca y nos dedican otra canción de letra sin sustancia, parque, plaza, carrito de la compra patinando hacia la gran avenida atestadas de coches con madres e hijos. No sonríen como personajes de serie. Son personajes en serie, unos tras otros, listos para salir a rodar, con borbotones de canciones entre los dientes. Así sea, dirán sus madres, frotándose las manos cuando huelen ese futuro que sabe a dinero. Hasta el próximo disco.

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