Sunday Morning – The Velvet Underground / Beck (1967 – 2015)

Ahir feia 50 anys de l’edició del tema. El darrer que van compondre abans de cloure el disc, que en un principi l’hauria d’haver cantat Nico, però que finalment ho va fer el mateix Lou Reed. Per allò de reivindicar-se, prendre el control de la banda i ensenyar les dents a la gent de la companyia de discos MGM i al seu valedor Andy Warhol. Ahir feia 50 anys d’una cançó que s’ha repetit durant molts matins de diumenge, un himne a la ressaca i al nihilisme que segueix a les nits de gresca dutes al límit de la consciencia o de la seva versemblança.

Amb els anys el californià Beck va voler retre homenatge a la Velvet Underground, copiant-los sencer el seu primer disc. El resultat final em sembla que no es troba oficialment a les botigues. Cal buscar-lo a la xarxa amb el nom de Beck Record’s Club

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Hopelessness – Anohni (2015)

Tampoco le crean su punching ball particular, el saco de boxeo donde descargar la rabia por lo que no salió bien. Ya conocen al tipo, así que no salgan con esas. Apadrinado por el rey Reed de Nueva York, todos pusimos la oreja cuando nos llamaron a retreta desde el selecto Manhattan de los clubs de noche. Compramos sus discos y le vimos, nos abrazamos a su lirismo y le dimos las gracias por existir. Allí encima estaba aquel espantajo del pelo revuelto y voz de ángel atormentado para bendecirnos con un cartel de “todo vendido” a un lado. Para que, al estilo de este tipo de artistas, con pinta de perdedor habitante del último puente del mundo, todos le demos la espalda diciendo sandeces como que nunca le hemos comprado ni beneficiado, que su aspecto nos da grima, que lo encontramos demasiado afectado y cosas de esas. El disco es más de lo mismo? Sí. Qué se le puede pedir a una prima donna de estas? Heavy Rock Escandinavo? Puede que un poco de glam le quedaría como anillo al dedo, pero es Anthony quien decide, y nosotros si le compramos el invento o pasamos. Mientras alguna compañía de discos y algún mánager le paguen las facturas, seguirá haciendo esta música que tiene mucho de ambientación para grandes desfiles de modelos, para diseñadores atormentados con problemas de inspiración (por culpa de alguna pareja promiscua), para vendedores de perfumes y colonias invasivas. Ese es su mundo, su target tipo, mientras ahí le compren, seguirá peinándose horriblemente y comportándose como una de esas brujas de las películas de Akira Kurosawa, chillonas, feas y tóxicas, y que solo saben dar que malas ideas a quienes les rodean. Un poco de eso tóxico tiene el amigo Anthony: parte y reparte gorgoritos y puede que a ti te toque la mejor parte. En caso contrario, apague y borre. Y a otra cosa mariposa..

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B’lieve I’m going down – Kurt Vile (Matador 2015)

Do you got wise blood that come when [?]
I’m an outlaw on the brink of
Self-implosion
Alone in a crowd on the corner
Going nowhere slow
(I’m an outlaw)

Que la pelambrera que se gasta el artista no engañe, porque el señor Vile no se despeina con sus canciones. Ya no. O cada vez menos. Su pulso busca bajar el latido de la música que compone para practicar aquello tan viejo de echar el lazo a la cintura de nuestras almas, sobre todo las que caminan más lentas, que son más sencillas de atrapar. Claro, todo apunta a una mirada interior. De aquí, el titulo. “Creed, me voy abajo”. Ni que lo digas muchacho. La vitalidad esparcida en otros discos ha sido apartada a un lado para que no moleste o distorsione el resultado. Como se recoge una mata de su cabellera detrás de una oreja para que no le importune. Así, la cadencia de banjos y baterías, el sonido tristón de los pianos eléctricos, el trote deslavazado que acompaña la melodía, todo eso suena a “créanme, me siento realmente bajo de ánimo” y el oyente le cree sin dudas. La voz suena como un maullido, yanqui, tejano, muy del centro del continente, cerca del chillido alegre, lo que ustedes quieran, pero tendiendo siempre al quejido. La voz se arrastra por los arpegios de la guitarra, por el chispeo de una pandereta que se aleja de la fiesta y la jarana, suena como un cúmulo de estrellas tristes brillando, distantes unas de otras a millones de años luz. Kurt se recoge otra mata de pelo en la oreja y se muerde un labio. De acuerdo, es la vida en su expresión más brutal cuando toca el fondo, como lo hizo Neil Young, en su versión campestre, o Lou Reed, desde el avispero de NYC. A pesar de todo sigue siendo vida, te cantan en estéreo Lou desde la tumba y Neil, viejo. Kurt, deprimido, mete sus arpegios que son cortinas corridas con manos viejas. A la siguiente canción, la vida, aunque parezca imposible, puede aún apagarse un punto más de lo que estaba. A partir de aquí sus canciones se alargan como desiertos sin posibilidad de agua. Es tu decisión atravesarlos o no. Jugarte el tipo, quedarte sin humedad vital, morir abrasado por un sol de tristeza. Porque Kurt va a seguir cantando a la vida desde ese lado oscuro mientras vuelve a recogerse el pelo. Lo crean o no, no estoy en mi mejor momento. Pero, ya saben, es cuando a veces salen mejor las cosas. Mal le pese al artista. Pues eso.

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Lou Reed – Nova York, Sant Esteve del Setanta-Dos

La Jackie anava a tota pastilla
Va pensar que podia ser James Dean per un dia

Sempre he sigut molt crític amb el senyor Lou Reed. Per males experiències als seus concerts, per la seva (suposada) egolatria i haver-se carregat (suposadament) la Velvet Underground després de cruspir-se la paciència dels companys. Exhaurida la llegenda del personatge, vaig adonar-me finalment que, com deia aquell, artísticament no tenia més suc que per a un parell d’espremudes. Però també cal reconèixer que vaig créixer amb ell, com el germà gran i díscol que et fot en embolics després de prometre que no passarà res. I acaba passant. Malgrat que fent el camí salvatge et deixessis els turmells a copia de torçar-te’ls i perdessis amics mercès a la santa heroïna mitificada. Però vaig tenir els meus moments amb ell. De “Transformer” a “Berlin”, passant pel “Rock and Roll Animal”, que van ajudar a sortir de la zona de confort encatifada pels Beatles entre d’altres. Com el propi Lou Reed els deuria tenir, aquests moments màgics, quan encara li quedava metxa compositiva i se sentia el rei del món sense que li calgués justificar-se a base de mala llet. Aquí us deixo el regal, d’un concert que va donar a NYC el dia de Sant Esteve. Gravat per a la ràdio i remasteritzat, se’l troba a les botigues amb el títol d'”American Poet” i se’l reconeix com un dels seus millors bootlegs. Lou Reed, en plena forma, sense actituds bel·ligerants, ni exabruptes. Lou Reed i els Tots, en directe.

Despite the amputation
You could dance to a rock ‘n’ roll station
It was all right
It was all right
Oh, now here she comes now-now

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