I’m Waiting for the Man – Velvet Underground – Orchestral Manoeuvres in The Dark (1967 – 1980)

50 anys del plàtan. Si realment va fer mal aquest disc va ser perquè Nova York feia por en aquells 60’s i ells van fer la banda sonora d’allò que hi havia als carrers.

Prostitució, crim organitzat, drogues, malalties, guetos i penya estrafolària. La poma era un dels fars del món i les seves clavegueres eren a punt d’esclatar amb una nova fornada de creadors. Hi havia Pollock, Warhol, el punk que sorgiria per aquest cantó, el nou cinema dels Coppola, Scorsese, Allen i companyia que arrasaria amb el vell Hollywood del cartró-pedra, la moda, la literatura, els nous negocis que engegarien allí per a arribar a tot el món. The Velvet Underground va trencar el discurs de les flors i la pau amb un relat dur sobre xeringues, purgacions i fuets. Van pujar el nivell i qui volgués triomfar ho hauria de fer millor que la competència.
Ells van posar la música del moment. El sexe, les drogues i el rocanrol. El calfred de la síndrome d’abstinència. La ressaca dels diumenges.

I’m waiting for my man
Twenty-six dollars in my hand
Up to Lexington, one, two, five
Feel sick and dirty, more dead than alive
I’m waiting for my man
Hey, white boy, what you doin’ uptown?
Hey, white boy, you chasin’ our women around?
Oh pardon me sir, it’s the furthest from my mind
I’m just lookin’ for a dear, dear friend of mine
I’m waiting for my man
Here he comes, he’s all dressed in black
Beat up shoes and a big straw hat
He’s never early, he’s always late
First thing you learn is that you always gotta wait
I’m waiting for my man, ah work it now
Up to a brownstone, up three flights of stairs
Everybody body’s pinned you, but nobody cares
He’s got the works, gives you sweet taste
Ah then…

La versió dels OMD. Caixa de ritmes, sintetitzador, baix i veu.

Share Button

Swordfishtrombone – Tom Waits (1973)

 

with horses on the front
and some gum and a lighter and a knife
and a new deck of cards (with girls on the back)
and I sat down and wrote a letter to my wife

 

swordfish

Los que lo hayan vivido, lo recordarán: como nos entró por un lado, con ese nombre impronunciable, un trabalenguas para el señor tendero, un puzzle de estilos cuando pusimos la aguja al inicio de la cara A y el desconcierto cuando llegó al final de la B. ¿Tú has entendido de què va el tipo este? Pues, no. Y lo probábamos de nuevo. Cara A, cara B. Ahora un blues, ahora un vals, ahora una pieza a voz y armonio, ahora la banda callejera que se toma como quiere el jazz de salón y el tipo, el tal Tom Waits, con esa voz de mil demonios, aullando a la luna del dormitorio, con esa proyección de jorobado de Notre Dame de la música, viniendo de lejos, de los pequeños clubs de Los Ángeles y luego para Nueva York, de buscarse la vida de camarero, de grabar discos que no funcionaban, porqué de eso tenemos mucho, señor, a ofrecerse de chico para todo en la manzana podrida de finales de los 70’s, que la gente se luchaba el plato de sopa con uñas y dientes del rival, para poder cambiar tu condición de superviviente de cuchitril a candidato cool con un plano en una película de Coppola. Waits cambió su California natal por NYC y todo fue mejor con sus nuevos amigos cineastas, periodistas, escritores, perdedores, basureros y mafiosos. El asunto jazz blues meloso quedó atrás cuando Waits tocó el asunto de las cloacas y se encontró con toda esa peña de la no-wave, que no eran más que virtuosos del jazz tratando de dar gato por noize. Tocaba reinventarse, verlo claro y equivocarse, dudar y complicarse. Meter todo cuánto había aprehendido hasta el momento en el triturador, esa paciencia y el mal humor, la resaca de la maldad, la imbécil bondad de las mañanas, toda esa poesía con la sabiduría, las frustraciones varias, las buenas y malas influencias, hasta las cosas baratas cabían, y sacar algo parecido a una nueva materia. El rocanrol se paraba de golpe en una plegaria y la cosa expresada cogía color de resistencia, el blues buscaba una vuelta más a la tuerca del pantano hasta desaguarlo, el jazz y el recitado parecían darse la mano mientras patinaban por un puente de fotogramas en 33 milímetros. Después de comenzar a cautivarnos por “In the Neighbourhood” y “Frank’s Wild Years”, todo lo demás nos fue entrando suave suave como una marching band de perdedores borrachos, buscando asaltarnos, no mediante sus sonrisas, sino más bien queriendo herirnos el alma. Hasta el fondo de la cocina entro el tipo con su puto trombón de pez espada.

Share Button

El cor de les tenebres – Joseph Conrad (1899)

“Però hi ha un riu en concret, un riu gran i important que es veia en el mapa, que semblava una immensa serp descargolada amb el cap al mar i el cos en repòs, corbant-se al llarg d’un vast continent, i la cua perduda en les profunditats de la terra. I mentre mirava el mapa, m’hipnotitzava com la cua d’una serp hipnotitza un ocell, un ocellet ingenu. Llavors vaig recordar que en aquell riu hi havia una gran empresa, una companyia dedicada al comerç. “Ep!”, vaig pensar. “No podem comerciar prop de tanta quantitat d’aigua sense utilitzar alguna mena d’embarcació, vaixells de vapor! ¿Per què no intentar que em facin encarregat d’un?”. Vaig continuar baixant per Fleet Street, però no em podia treure la idea del cap. La serp m’havia encantat”

Appocalypse Now – Francis Ford Coppola (1979)

Share Button