Macho – Macho (2012)

Cuántas raciones de ácido llevamos en el cuerpo, cuántas de blues del pantano, cuántas de garaje grasiento. Cuántas horas de botines, cuántas horas puliendo, cuántas horas planchando pantalones y repasando la raya una y otra vez hasta dejarla como cartón. Cuántos litros de loción para el cuero, cuántas friegas y linimentos hasta que el cuarto se llenó de un perfume que podía cortarse con los dedos, cuántos botones cosidos después de hacerse el macho y abrirse la camisa de un zarpazo y cuántas veces repetido el gesto de peinarse atrás el pelo. Cuánta electricidad consumida, cuántas pilas comidas por aquello del hierro, cuántas contracturas por culpa del magneto, por culpa de las butacas y banquetas para el masaje y todas esas posturas raras que alguna vez hemos hecho, cuánto ceño fruncido y cuántas cuerdas vocales rotas que deberán ser remendadas. Y las guitarras que fueron reparadas después de aquel bolo tonto en el que creímos ser Pete Townsend pero, claro, sin su cartera. Cuánto club infecto, cuánto beso rápido en esos camerinos que parecían serlo y que sólo eran cámaras frigoríficas, Y los Them? Y los Yarbirds? Y los Who? Fleshtone? Sin Farfisa? Cuánto gintonic, cocaína y señorita. Cuánta noche con tanta gente, multiplicados como panes y peces por el rojo de las paredes. Cuántos besos y flores de madrugada, cuánto ministro y cuánta mierda. Anda, cariño, baja el volumen y vete a por tabaco. Cuántas ganas de joder y cuánta migraña, a paladas las reparten en la esquina, a ostias, por supuesto. Cuánta noche y cuánto macho suelto. Cuando digas y donde quieras.


Macho

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