A vueltas con las listas del año y The Epic – Kamasi Washington

A vueltas con las listas de éxito de cada año. El gustazo de periodista de turno por dar a conocer sus méritos, su ojo crítico y el olfato comercial, que también tiene su importancia. Cosas de esas del buen saber y conocimiento. Entonces, por el asunto del eclecticismo, la peña de conaisseurs se acuerda de otros estilos. Para que no digan que son unos cejijuntos y que no saben mirar a otro sitio. Pitchfork, la revista referente del asunto musical más allá de Adele y Pablo Alborán, hace años que sirve a los aficionados de termómetro del asunto de las tendencias. Su palabra es ley como lo han sido o fueron Rolling Stone, Spin, Rockdelux, The Wire, Les Inrokuptibles, Mojo, NME o Melody Maker según tiempos y latitudes. La pretensión de Pitchfork viene casi del nacimiento de la prensa, de cuando el informador recibió dos cariñosas collejas por la faena bien hecha y se creyó Dios, Cuando todos sabemos que se trata de un mero asunto de gustos. Y tampoco hay que darle más vueltas. Me gusta no me gusta me gusta no me gusta y deshojamos la margarita sin mayores problemas. De ese dilema saltamos fácilmente al “bueno malo” con el variante “es la bomba” o el “es una puta mierda”. En el caso de Pitchfork, lo dicho. Marcar tendencia y sacar tajada de la convulsa industria del entretenimiento. Bendecir y descubrir, impulsar y convertir su voz en imprescindible. Con la pátina tramposa en cuanto que hablamos de gustos personales.

ka The Epic

A partir de aquí, el asunto Kamasi Washington. Un repaso a Pitchfork deja claro que el asunto del jazz no entra en sus prioridades como lo es el hip-hop, el pop, el rock o el electro. El jazz lo tratan muy de cuando en cuando, a saber porqué, si hay intereses o si el personaje viene recomendado. No lo sé. El tema del tal Kamasi. El artista se presenta con un triple disco!!! debajo del brazo. Se supone que buscando el perfil monumental o algo similar. Si a eso añadimos un estilo parecido a lo que Coltrane bendijo como Spiritual Jazz con su “Africa/Brass”, algo así como improvisación, raza e introspección sonora, el muchacho Kamasi lo tiene hecho para… ¿dar gato por liebre?. No exageremos. El disco suena correcto, cargado de arreglos vocales y aires brillantes. Bien medido y estructurado. Quizás demasiado, como buscando con exceso el aplauso fácil. A partir de aquí, el truco o trato del lugar común que maravilla a algunos por pura ignorancia y la trampa de quien ya ha oído y repasado a Pharoah Sanders, a John Coltrane, a Alice Coltrane, a Cecil Taylor, a Ornette Coleman, a Albert Ayler. Es igual. Tampoco vamos a ponernos sesudos. Sencillamente, críticos. Con la prensa y esa grandilocuencia barata que a veces exhiben por aquello de quedar bien, modernos y con la mirada más allá de los márgenes establecidos por Jamie XX y Kendrick Lamar. A partir de aquí porqué no hablar de Matana Roberts, de Tigran Hamasyan, de Marc Ribot y los Young Philadelphians, de la última locura de Agustí Fernández, de The Bad Plus, de Joshua Abrams. Es por la difusión de otros estilos, dirán. Y estoy de acuerdo. Que menos que eso. Es también la teoría del dominó. Quién lanza la piedra y esconde la mano y los demás seguimos embobados su trayectoria. Palabra de Pitchfork… te adoramos.

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