Fouché – Stefan Zweig (& Albert Ayler)

Por desgracia, La Historia Universal no es solo, como nos la presentan la mayoría de veces, una historia de valor humano, sino también una historia de la cobardía humana, y la Política no es, como se nos quiere hacer creer, la dirección de la opinión pública, sino el doblegarse esclavo de los líderes precisamente ante ea instancia que ellos mismo han creado y sobre la que han influido. Así surgen siempre las guerras: de un juego con palabras peligrosas, de la sobre-excitación de pasiones nacionales, y así los crímenes políticos: ningún vicio y ninguna brutalidad sobre la Tierra ha causado tanta sangre como la cobardía humana. Por eso cuando Joseph Fouché se convierte en Lyon en verdugo de masas, no es por pasión republicana (el no conoce pasión alguna) sino únicamente por miedo a caer en desgracia por moderado. Pero no son las ideas las que deciden en la Historia, sino los hechos, y aunque se revuelvan mil veces contra la frase, su nombre quedará marcado como el del Mitrailleur de Lyon

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Albert Ayler: Sprits Rejoice

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El Mundo de Ayer (Memorias de un Europeo) – Stephan Zweig (Acantilado, 2001)

Anotació

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Prefacio – pagina 1

“Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas – acontecimientos, catástrofes y pruebas -, muchísimas más de lo que suele corresponderle a una misma generación, para que yo encontrara valor suficiente como para concebir un libro que tenga a mi propio “yo” como protagonista o, mejor dicho, como centro. Nada más lejos de mi intención que colocarme en primer término, a no ser que me considere como un conferenciante que relata algo sirviéndose de diapositivas; es la época la que pone imágenes, yo tan solo me limito a ponerle las palabras; aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como seguramente ninguna otra en la historia. Cada uno de nosotros, hasta el más pequeño e insignificante, ha visto su más íntima existencia sacudida por unas convulsiones volcánicas -casi ininterrumpidas- que han hecho temblar nuestra tierra europea; y en medio de esa multitud infinita, no puedo atribuirme más protagonismo que el de haberme encontrado -como austríaco, judío, escritor, humanista y pacifista- precisamente allí donde los seísmos han causado daños más devastadores”

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