Shipbuilding – Elvis Costello / Robert Wyatt (1982 – 1983) (& Suede)

Quan no se sap quina és l’original i quina la versió, quan no se sap quina supera en qualitat l’altra. En qualsevol cas, revela l’horror d’una guerra de butxaca com el conflicte de Les Malvines. Composta per Elvis Costello, la lletra respon a la promesa del govern britànic segons el qual la guerra revifaria l’activitat de les drassanes angleses aturades per la crisi. Com diu la lletra, la bona nova pretenia pujar els ànims de la gent a còpia d’engegar joves anglesos al fons del mar.

Is it worth it?
A new winter coat and shoes for the wife
And a bicycle on the boy’s birthday.

It’s just a rumor that was spread around town
By the women and children, soon we’ll be shipbuilding

Well I ask you
The boy said ‘Dad, they’re going to take me to task
But I’ll be home by Christmas.

It’s just a rumor that was spread around town
Somebody said that someone got filled in
For saying that people get killed in
The results of their shipbuilding.

With all the will in the world
Diving for dear life
When we could be diving for pearls.

It’s just a rumor that was spread around town
A telegram for a picture postcard
Within weeks they’ll be reopening the shipyard
And notifying the next of kin
Once again.

It’s all we’re skilled in
We will be shipbuilding.

With all the will in the world
Diving for dear life
When we could be diving for pearls.

Una història estranya. Elvis Costello la va escriure amb Clive Langer, pensant editar quatre versions diferents. Wyatt va acceptar la idea de collar públicament Thatcher per la ignomínia d’aquella guerra però, inestable com era llavors, es va fer enrere. Finalment ho va fer, en format single, d’aquella manera discreta, com la seva veu. Perquè sembla que la difusió definitiva va arribar mitjançant la versió que Costello & els Attraction van incloure l’any següent al LP “Punch The Clock”, aconseguint pel tema la participació del trompetista Chet Baker. Entre una versió i l’altra, van de la cançó l’himne antibel·licista que es pretenia per treure els colors al poder mentider i trampós. Com diu la lletra, construint vaixells i engegant els nois a cercar perles.

Afegeixo la versió de Suede (per allò de donar continuïtat a la tradició)

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Swordfishtrombone – Tom Waits (1973)

 

with horses on the front
and some gum and a lighter and a knife
and a new deck of cards (with girls on the back)
and I sat down and wrote a letter to my wife

 

swordfish

Los que lo hayan vivido, lo recordarán: como nos entró por un lado, con ese nombre impronunciable, un trabalenguas para el señor tendero, un puzzle de estilos cuando pusimos la aguja al inicio de la cara A y el desconcierto cuando llegó al final de la B. ¿Tú has entendido de què va el tipo este? Pues, no. Y lo probábamos de nuevo. Cara A, cara B. Ahora un blues, ahora un vals, ahora una pieza a voz y armonio, ahora la banda callejera que se toma como quiere el jazz de salón y el tipo, el tal Tom Waits, con esa voz de mil demonios, aullando a la luna del dormitorio, con esa proyección de jorobado de Notre Dame de la música, viniendo de lejos, de los pequeños clubs de Los Ángeles y luego para Nueva York, de buscarse la vida de camarero, de grabar discos que no funcionaban, porqué de eso tenemos mucho, señor, a ofrecerse de chico para todo en la manzana podrida de finales de los 70’s, que la gente se luchaba el plato de sopa con uñas y dientes del rival, para poder cambiar tu condición de superviviente de cuchitril a candidato cool con un plano en una película de Coppola. Waits cambió su California natal por NYC y todo fue mejor con sus nuevos amigos cineastas, periodistas, escritores, perdedores, basureros y mafiosos. El asunto jazz blues meloso quedó atrás cuando Waits tocó el asunto de las cloacas y se encontró con toda esa peña de la no-wave, que no eran más que virtuosos del jazz tratando de dar gato por noize. Tocaba reinventarse, verlo claro y equivocarse, dudar y complicarse. Meter todo cuánto había aprehendido hasta el momento en el triturador, esa paciencia y el mal humor, la resaca de la maldad, la imbécil bondad de las mañanas, toda esa poesía con la sabiduría, las frustraciones varias, las buenas y malas influencias, hasta las cosas baratas cabían, y sacar algo parecido a una nueva materia. El rocanrol se paraba de golpe en una plegaria y la cosa expresada cogía color de resistencia, el blues buscaba una vuelta más a la tuerca del pantano hasta desaguarlo, el jazz y el recitado parecían darse la mano mientras patinaban por un puente de fotogramas en 33 milímetros. Después de comenzar a cautivarnos por “In the Neighbourhood” y “Frank’s Wild Years”, todo lo demás nos fue entrando suave suave como una marching band de perdedores borrachos, buscando asaltarnos, no mediante sus sonrisas, sino más bien queriendo herirnos el alma. Hasta el fondo de la cocina entro el tipo con su puto trombón de pez espada.

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