To Pimp a Butterfly – Kendrick Lamar (2015)

I don’t want you monkey mouth motherfuckers sittin’ in my throne again

KL viaja por el espacio del oro, las barras y las estrellas sin paracaídas. Piensa en el airbag de las notas que frenaran el impacto y le salvaran la vida. Entonces surca el mundo de su conciencia de punta a punta, desde su armario favorito a la casa blanca de la portada del disco, con Obama prisionero dentro, centro de sus sueños y protestas, que èl sacudirá cuando quiera. KL toca todos los palos y tiene a la prensa a sus pies, por no hablar de sus seguidores, felices de soltarle la pasta. Enciende el ventilador y las aspas de su cerebro sueltan vibes de todos los colores para todas las lenguas y cuerpos sudorosos, suavemente mecidos por el humo de lo que fume el artista, acomodado en el sofá de su vida de colores. Hubo gueto? Malos tratos? Pobreza? Adición al crack? Padre alcohólico? Perdió un pie de un machetazo? Perdió amigos en la cadena? Abre la boca y sale un manifiesto entero como un tren, del túnel a tu cara, cargado de lamentos, de posturas, de raíces. De música y libertad que te soplan su aliento poderoso con ese aroma de me importa un huevo, dos, tres lo que pienses. Estoy en mi armario, en mi mundo de moqueta entero. Hasta el cemento es dulce y el asfalto que pisa es blando, me balanceo, me derrito, patino, caigo al suelo, me levanto, bailo y mi parienta es la mas bella, rubia, obesa, tatuada, convenientemente equipada con lencería de primera. Le seguirás unos minutos con mirada envidiosa. KL continua con su mierda y tú te quedas en tu esquina sin más que hacer que ir a la tienda a pedir le disco. Ahora estira sus canciones y te mete dieciséis en su disco, te mete una de doce minutos como doce pulgadas de placer de una oreja a otra. Hace asomar su alma negra, suena swing, jazz, hard-rap, funk, soul, se saca de la chistera todo su repertorio de trucos. No es que quiera rendirte, no te quiere de rodillas, no quiere tu pasta, no quiere nada de ti. Nada. Tampoco es que le interese tener en su disco a Thundercat, a Dr. Dre, a Snoop Dogg o a George Clinton. Sencillamente, es una percepción a ciegas, lo hace por desesperación, tiene una historia que quiere explicar y busca a alguien que le escuche. Es tal su desesperación que de repente son millones de orejas las que le escuchan. Obedientes se pliegan a sus palabras, sin forzarse, sentándose a su alrededor. Así lo hacen. Lo hacemos. Todos.

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