No – Pablo Larrain (2012)

Si la transición la hubiéramos hecho los ciudadanos, otro gallo nos cantaba. Seguro. Pueden decir que quien descabalgó a Pinochet fue la CIA, como aquí con ETA y Carrero Blanco, pero en Chile su gente tuvo la opción y el privilegio de echarlo. Y lo venció con un plebiscito perdido de antemano y que olía a puchero. Con todo en contra, la alegría pudo al miedo. Mientras que nosotros nos comimos la comisión tutelar que no hizo más que sustituir camisas viejas por nuevas, el pueblo chileno se deshizo del dictador. Cierto que no se le pudo juzgar, pues supongo que sabía cosas que afectaban a otros más importantes que él. Pero se fue vivo a casa para ver como cambiaban sus cosas, lo que él había torcido con sangre y sufrimiento. No se le pudo juzgar pero se le venció que es bastante.

Vista la película no queda más que sacarse el sombrero por la gesta. De paso, por la historia de la cinta, por el tono y el montaje, por los personajes, su interpretación y la dirección que la explican. Porque jugaron con fuego y no tuvieron miedo. No como nosotros, que bajamos la cabeza. De acuerdo que son avatares de la vida, pero los chilenos tuvieron esa oportunidad y la aprovecharon. Este país dejó que los alegres chicos del Opus tomaran la iniciativa con un más que seguro “déjenos que nosotros sabemos cómo resolver esto”. También veníamos de una guerra, circunstancia que puede que pesara más que la represión de la dictadura. La cuestión es que la herencia del asunto cayó en manos de unos funcionarios de segunda que se aseguraron el atado y bien atado de sus cargos. A título vitalicio. Por aquello del dinero que, con el tiempo, han multiplicado en influencia y fortuna. Lodos y barros. Por ahorrarnos un NO, por las medias tintas. Quizás. Puede.

Share Button

Deixa un comentari