3 Somnis Dolços pel 2017 (Don Gibson & Elvis Costello & The Mekons)

El “Sweet Dreams” oiginal és de Don Gibson, un fill de treballadors de Carolina del Nord. Escrita l’any 1955 no va triomfar fins l’any 1960 quan va aconseguir el número u de les llistes Billboard de música country. L’any 1963, va adaptar-la l’estrella del moment, Patsy Cline, però va morir en un accident d’avió abans de publicar-la. Com acostuma a passar el seu “Sweet Dreams” va triomfar gràcies a la particular necrofília que acompanya al mite i que excita les vendes mitjançant els tripijocs de negociants ambiciosos. I etcètera. De la cançó original de Gibson a la versió de Patsy Cline passem de la brevetat i la senzillesa d’una balada cowboy a l’ensucrada que va perjudicar tant l’estil fins a la seva rehabilitació (per Gram Parsons, Dylan & Cash, per citar uns quants personatges)

La versió de 1960

L’any 1981, l’anglès Elvis Costello i els Attractions van decidir que ja en tenien prou del power pop que havien estat practicant fins llavors i que els havia funcionat força bé. Escapista per naturalesa i més llest que la gana, Costello va convèncer els companys de la banda de provar un estil que els obris les portes d’altres mercats, el nord-americà, per exemple. El formidable recull de versions countries que és “Almost Blue” va donar vida al projecte musical de Costello amb una altra versió d’ell, però sobretot, per molts dels seus seguidors a descobrir un estil que fins llavors no havien fruit o ignorat.

L’any 86 la banda de Leeds The Mekons va incorpora el clàssic de Gibson al seu repertori, que havia començat amb el punk i que havien fet variar cap el folk rock d’arrel britànica que van encetar els Pogues i que va quallar comercialment a les Illes Britàniques. Guitarres estridents, violins i acordions, i la convenient dramatització de la veu per donar la volta al mitjó de la balada country de 1960. Per allò de donar una altra visió, d’un continent a un altre, amb l’idioma (i algun que un altre gen) de fil conductor.

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1976 – 2016

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Teníamos catorce años en el 76, Franco llevaba muerto unos meses y sus sucesores se afanaban en desmontarle el tinglado a pesar del atado y bien atado. Esperando el momento, los nuevos dieron impulso al recambio generacional, prometiendo respetar el legado (y las pensiones respectivas) mientras acompañaban a las momias a la puerta de palacio, pidiéndoles que por favor se taparan no fueran a coger un catarro. Imagino que abriría la comitiva Fraga, pero le tomó la delantera Adolfo Suárez. Según explica Javier Cercas en “Anatomía de un instante“, Suárez se trabajó el favor de Juan Carlos I, cuando, ejerciendo de director de TVE, le organizó al futuro rey un lavado de imagen para que el país le aceptara como futuro jefe del estado. A dedo le puso, vestido de almirante, como Franco hizo con él. Y en diciembre de aquel 1976, el estado votaba en referéndum exprés a favor de la reforma política. Recuerdo la campaña, con el cartel pidiendo el SI en sutil verde y el “Habla pueblo Habla” hippy de la sintonía con esa letra para convencer idiotas, cuando el país también pedía otro cambio de ritmo, aunque lo pilotaran antiguos funcionarios del Movimiento. Leía en La Vanguardia que, a pesar de la llamada a la abstención de los partidos que aún en situación ilegal ya se mostraban por las calle, en Catalunya votaron a favor un 92% de la población. Puedo imaginar el escrutinio maquillado al alza, más que nada para meter a todo el mundo en el brete, que Europa viera que nos integrábamos, que los militares y ultras supieran que nada tenían qué hacer, y a los supuestos radicales de izquierdas, que salían de las sombras y del extranjero, que supieran que les esperaban para negociar el futuro del futuro pastel. Cosas de esas. 1976. Un disgusto para mi abuela materna que solía decir de Franco que había cogido a España en alpargatas y le había calzado zapato. Mi abuelo materno, comandante policía en la reserva desde hacía un montón de años, no recuerdo que lo encajara de ninguna manera, vallisoletano de los que siempre parece llevar el sol de cara, achinaba la vista y callaba ante las nuevas circunstancias que les iban llegando y que ya vivieron antes de la guerra, como la legalización del partido comunista del archivillano Santiago Carrillo.

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1976. Teníamos catorce años y éramos razonablemente felices si quitamos el asunto académico que a algunos se nos comenzó a atragantar. Mucha exigencia en la escuela, que luego serviría para sacarme Periodismo con el mínimo esfuerzo. Tampoco demostraron mucha ciencia en la escuela (o poco ojo) sobre cómo tratar aquel despertar de los catorce años mientras el país comenzaba a sacarse de encima el muerto del franquismo. La vida desbordó en la calle y, aunque el estado y sus poderes, o la propia represión de la gente, hicieran por evitarlo, el barullo entró en las casas y cambió determinadas simetrías en las relaciones. El miedo, por ejemplo. Recuerdo los asesinatos perpetrados por la extrema derecha, al ejercito amenazando, la policía repartiendo palos. El terrorismo de ETA, FRAP o GRAPO que cada vez que actuaban nos ponían la soga al cuello. Pasaron cosas, rozamos el larguero, pero imagino que el entusiasmo espontáneo e incontrolable de la ciudadanía por lo nuevo evito el baño de sangre que algunos pretendían. Porque aquello pudo acabar en una carnicería. Imagino a Occidente actuando sobre todo en la Zarzuela para que el país no involucionaría y soltara amarras del pasado. Tengo la sensación, como mínimo en mi caso, de madurar con el discurso y la palabrería mientras el orden social franquista nos seguía tratando como a niños. Mi padre traía a casa los libros de Ediciones Ruedo Ibérico que trataban de la guerra civil y del anarquismo. Hizo mella entonces “El Laberinto Español” del historiador inglés Gerald Brenan que descubría los orígenes de la guerra civil española. Fue entonces que entendí de dónde veníamos y qué había sucedido antes la pasividad de la profesora de historia Bonet con las explicaciones. Siempre que llegábamos a ese tema, retrocedíamos en bucle a los godos, a los griegos y a la revolución francesa.

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1976 Vinieron los Stones a tocar a Barcelona y poca cosa más. Dicen las crónicas que hubo palos de la policía para quienes se quedaron sin entrada y querían colarse, un clásico de los conciertos de la época. Hubo palos y también tiros porque unos se sabían con el control de la situación perdido y querían reconducirlo sacando la pistola cuando menos te lo esperabas, vi aparecer unas cuantas así de forma espontanea como esas rojigualdas que se llevaban en el reloj o adheridas al cuello de la camisa. 1976. Palos por reunión ilegal. Tiros en Montejurra entre carlistas y los que lo eran aún más que los otros. Cinco muertos en Vitoria durante una protesta obrera. Hacer trotar a los grises que eran gordos y viejos Ramblas arriba hasta que trajeron a los especialistas de Valladolid, jóvenes y violentos y con el distintivo del pañuelo amarillo al cuello. Luego, el activista vasco Pertur desapareció y aún no está claro quien lo hizo, si sus compañeros de ETA, en desacuerdo con la intención de su líder de poner fin a la lucha armada, o la Triple A. grupo encubierto de la policía para combatir a ETA de forma ilegal. A cada sobresalto nos veíamos de vuelta al redil, pero, al año de la muerte de Franco, aquel cambio parecía imparable:Sí, la reforma fue consensuada y tutelada por los dirigentes del entonces, que hicieron o obligaron a redactar la constitución del 78 a su gusto. Y sí, nos vigilaban (y vigilan) aquello que conocimos como poderes fácticos, imagino que el ejercito, la iglesia y grandes empresarios. Pero, al año de la muerte de Franco, se votó a favor de aquella reforma exprés, Carrillo la llamó “reforma de ruptura pactada”, que aceptaba el atado y bien atado de los nuevos mandamases, comenzando por el rey, que, rápido, le cogió el gusto al cargo y a las prebendas, como sus amigos políticos y empresarios. Llegó la tele en color y pasamos del país del zapato de mi abuela, al de la zapatilla deportiva, del pantalón de campana al pitillo, de los pelos largos al encrespado entre Dallas y Nueva Ola. Nos esperaban nuevos acontecimientos en aquel tiempo que fue un no parar de salir a la calle. La matanza de Atocha, la legalización del PCE, el regreso de Tarradellas y la manifestación de un milió de segadors que nos devolvió la Generalitat i l’estatut d’autonomia. El Barça volvió a ganar al Madrid 0 a 2 a domicilio (aunque la liga fue de nuevo de los blancos). Y Cruyff se puso a fumar, a vender pinturas y a lanzar los saques de esquina.

Aquí una selección musical del 76

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Paterson – Jim Jamursch (2016)

Entre el blanc i negre i el color…

Jarmusch, poeta del cine en los 80, con su blanco y negro, su silencio, su absurdo sentido del humor, regresa (o lo intenta) al lugar de los hechos. Vuelve a probar con la poesía después de su avieso invento fallido de los vampiros y la sangre que siempre vende. Porque se trata de eso, en este negocio que no pasa por su mejor momento. Entonces imagino al director pensando una idea que le permita sobrevivir, insistiendo con su sello aparentemente minimalista y a la vez probando a vender entradas. Regresa al lugar de las flores rotas de Bill Murray, metiendo elementos de otras películas suyas: actores desconocidos, relojes y paso del tiempo, skteches de repetición diaria, reflejos en un cristal, tiros de cámara realistas, absurdo, pasmo por un lado y una cierta extravagancia. En su momento dio visión al realismo sucio literario de Carver y compañía, en un principio le salió bien lo de dibujar la indecisión en las vidas que funcionan sin mañana y dudan por exceso de alcohol o hambre, por egoísmo o supervivencia, o por falta de amor. Ha vuelto a eso, a ese realismo sucio pero con color (a pesar del chiste que se hace sobre el blanco y negro durante la película) entre magdalenas y sueños country, con conductores de autobús poetas, con la vuelta diaria con el perro, la cháchara de bar y las postales bonitas que se le pueden sacar de cada ciudad del mundo si se tiene un poco de ojo eléctrico. Y tal.

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La Guitarra Blava – John Banville (2015)

“Però aleshores, quin és el meu veritable tema? Parlem de l’autenticitat aquí? El meu únic objectiu sempre, des del principi de tot, era representar en forma aquella tensió informe que em flota en la foscor dins del crani…”

Potser sí que la mala bava sigui blava com la sang dels importants; potser sigui d’aquest color la que es gasta Banville quan escriu, fred cristall que talla només fregant-lo amb l’enteniment. Parlo de l’estil del llibre que flueix com aigua d’un torrent, d’aquesta manera de fer avançar la trama a batzegades que són cops de puny baixos, o aquest cops que els penitents es donen al pit demanant perdó d’allà dalt i esperant clemència. Potser parli del blau que maca la pell i que esdevé marró quan la sang esparracada sota nostre es filtra en la carn, un procediment biològic semblant amb allò que passa amb les misèries de la vida; brollen per ser absorbides, imagino que per l’oblit i el pas del temps. Tampoc cal fer un gra massa, tots cometem errors i ja està. Arrosseguem un currículum negatiu, és això, igual que el positiu que correm a engegar a les amistats per fer bullir l’autoestima. Sembla que Banville ens vulgui parlar d’això des de la seva nebulosa particular. Ho fa mitjançant la vida d’un pintor a les acaballes de la seva carrera, quan reconeix que no li queda més que acceptar les conseqüències de la desfeta. I assumir-ne les causes si es vol castigar una estoneta. O reconèixer les relliscades que ha comés i punt. Pel que diuen els papers, sembla que Banville buscava amb el llibre l’expiació d’alguna infidelitat seva comesa al mon real i ho va voler deixar escrit. A partir d’aquí l’engany funciona com una metàfora d’allò que ens acompanya quan ens apropem al final del camí que hem fet i des d’on albirem la fosa; llavors la sabata del recompte personal premrà allà on faci mal. Un moment de coïssor o una fiblada potent, depenent de com duem greixada la consciencia i el penediment. Tampoc hi ha per tant. Comparem-nos amb dos carnissers com Mladic o Karadzic i podrem respirar alleujats. Una altra cosa seria parlar de la soledat que ens acompanya per culpa d’aquesta acumulació de petits errors, el forat que hem fet al voltant, allò que vam pensar que funcionaria com a cinturó de seguretat i ens ha aixecat una muralla al voltant. Aquests errors que són pecats venials, ens han anat buidant de sentiments i deshumanitzant-nos, tot i que són coses de la vellesa i d’estar fart de tot i de tothom. Llavors fa un fred que pela, com a la novel·la, i tot té un gust de desesperació que, de vegades, es dur d’empassar. Però tampoc cal fer un gra massa. Llegir està bé, acompanya les hores mortes I si no ens agrada aquest, comencem-ne un altre.

Marc Ribot – Ghosts (per allò de fer el fet)

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