B’lieve I’m going down – Kurt Vile (Matador 2015)

Do you got wise blood that come when [?]
I’m an outlaw on the brink of
Self-implosion
Alone in a crowd on the corner
Going nowhere slow
(I’m an outlaw)

Que la pelambrera que se gasta el artista no engañe, porque el señor Vile no se despeina con sus canciones. Ya no. O cada vez menos. Su pulso busca bajar el latido de la música que compone para practicar aquello tan viejo de echar el lazo a la cintura de nuestras almas, sobre todo las que caminan más lentas, que son más sencillas de atrapar. Claro, todo apunta a una mirada interior. De aquí, el titulo. “Creed, me voy abajo”. Ni que lo digas muchacho. La vitalidad esparcida en otros discos ha sido apartada a un lado para que no moleste o distorsione el resultado. Como se recoge una mata de su cabellera detrás de una oreja para que no le importune. Así, la cadencia de banjos y baterías, el sonido tristón de los pianos eléctricos, el trote deslavazado que acompaña la melodía, todo eso suena a “créanme, me siento realmente bajo de ánimo” y el oyente le cree sin dudas. La voz suena como un maullido, yanqui, tejano, muy del centro del continente, cerca del chillido alegre, lo que ustedes quieran, pero tendiendo siempre al quejido. La voz se arrastra por los arpegios de la guitarra, por el chispeo de una pandereta que se aleja de la fiesta y la jarana, suena como un cúmulo de estrellas tristes brillando, distantes unas de otras a millones de años luz. Kurt se recoge otra mata de pelo en la oreja y se muerde un labio. De acuerdo, es la vida en su expresión más brutal cuando toca el fondo, como lo hizo Neil Young, en su versión campestre, o Lou Reed, desde el avispero de NYC. A pesar de todo sigue siendo vida, te cantan en estéreo Lou desde la tumba y Neil, viejo. Kurt, deprimido, mete sus arpegios que son cortinas corridas con manos viejas. A la siguiente canción, la vida, aunque parezca imposible, puede aún apagarse un punto más de lo que estaba. A partir de aquí sus canciones se alargan como desiertos sin posibilidad de agua. Es tu decisión atravesarlos o no. Jugarte el tipo, quedarte sin humedad vital, morir abrasado por un sol de tristeza. Porque Kurt va a seguir cantando a la vida desde ese lado oscuro mientras vuelve a recogerse el pelo. Lo crean o no, no estoy en mi mejor momento. Pero, ya saben, es cuando a veces salen mejor las cosas. Mal le pese al artista. Pues eso.

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