Lou Reed Passed Away

A vueltas con el asunto.
De acuerdo que el tipo era popular, hizo sus buenos discos, pero, comparado con otros grandes de la música, su carrera es resueltamente irregular. Formó parte de The Velvet Underground, se enfrentó con todos por el liderazgo de la banda, hasta quedarse solo. Luego sacó “Transformer” (con ayuda de Bowie) y el espectacular “Berlín”. Luego se echó a dormir con sus éxitos. A vivir de los clásicos de la Velvet y de las buenas canciones del principio.
Todos le vimos alguna vez.
Habría quién dirá que asistió a su primer concierto, el 18 de marzo de 1975, en vida aún de Franco. La policía se presentó en el Palau dels Esports de Barcelona a impedir que se tocara la famosa “Heroin”. La gente quería ver a uno de los tipos que mejor sabía mover a la prensa vendiéndose como maldito y adicto. Aceptó el papel porque sabía o intuía el rédito que podría sacarle. Y a vivir de ello.

louie

Yo vi su segundo concierto en Barcelona, el cuatro de octubre de 1979. La gira de presentación del irregular “Growing up in public”. Hacía cuatro años de aquel primer concierto. Cada año se hablaba de un posible regreso que al final quedaba en nada. Por fin, llegó el momento.
Recuerdo que aquel día llovió a mares. Que la ciudad vivía sumida en una grave excitación, en un desasosiego asfixiante, como si estuviéramos ante algo inevitable. Contábamos las horas hasta el momento de la actuación. Lou Reed llegaba a la ciudad convertido en un predicador dispuesto a soltar su veneno negro sobre nuestras cabezas inocentes. Le vendieron como tal. El hombre que pidió una canción a la muerte. Más de uno, seguro, que aquella noche probó la heroína. Un sinfín de porros corrieron por la platea que aceptabas sin saber la procedencia, apretados como chinches en costura, apenas sin tocar el suelo. El concierto se me hizo eterno con esa manía del artista de deformar las canciones hasta hacerlas irreconocibles. Hasta convertir el show en un quiz sobre títulos. La cruda realidad se mostró tras la cortina: iba borracho como una cuba – luego me confirmarían que llevaba el día bebiendo – hasta el punto de trastabillar varias veces durante la actuación. Montó en cólera, rompió guitarras y maltrató a sus músicos mandando cantar y tocar con malas maneras. Lo recuerdo, como lo recuerdan otros asistentes. Después de una hora de concierto, el deseo era que acabara. Aquel día supe lo que significa la muerte de un mito.
Lou Reed ya no fue lo mismo desde entonces. Volví a verle al poco, el 19 de junio de 1980, en las Arenas de Barcelona. Como si quisiera resarcirse, dio un señor recital. Salí satisfecho, pensé que me había devuelto el importe de la entrada de aquel mal trago que supuso el concierto de octubre. Pero la pasión que me levantó “Rock and Roll Animal” había muerto. Sus discos posteriores ya no me incitaron a nada. Dejé de comprarlos. Es el fin de la relación contractual músico – fan.
Volví a verlo, compré el famoso “New York” que le iba a rehabilitar, vi el concierto de la gira, otra vez en Barcelona, a finales de los 80’s. Y otra más en unas Festes de la Mercè. Pero el artista seguía tras aquella cortina que cayó después de mi primera vez con él. Alguien dirá que forma parte de la comedia del maldito, que Lou no hacía prisioneros, que le compras como es, con sus vicios y virtudes. De acuerdo, pero no con mi bolsillo.

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Nico – These Days (1967)

I’ve been out walking
I don’t do too much talking
These days, these days.
These days I seem to think a lot
About the things that I forgot to do
And all the times I had the chance to.

I’ve stopped my rambling,
I don’t do too much gambling
These days, these days.
These days I seem to think about
How all the changes came about my ways
And I wonder if I’ll see another highway.

I had a lover,
I don’t think I’ll risk another
These days, these days.
And if I seem to be afraid
To live the life that I have made in song
It’s just that I’ve been losing so long.
La la la la la, la la.

I’ve stopped my dreaming,
I won’t do too much scheming
These days, these days.
These days I sit on corner stones
And count the time in quarter tones to ten.
Please don’t confront me with my failures,
I had not forgotten them.
La cançó la va escriure Jackson Browne (l’autor de Stay) amb 16 anys. Browne la va enregistrar i enviar a varies agències de compra i venda de drets d’autor. Van oferir-li a la cantant Nico (antiga col·laboradora de Lou Reed a la Velvet Underground) que la va voler pel repertori del seu primer disc, “Chelsea Girl”. Anava a sonar a guitarra i veu, però el conspicu Andy Warhol va proposar al productor Tony Wilson que afegís la part orquestral. Van fer-ho sense que l’artista ho sabés. Nico va acceptar el resultat final malgrat la trista volada de la cançó.

Versions. “These Days” té un munt de versions encara que no ha estat mai un referent de la música pop. Destaquen la de Gregg Allman, Lloyd Cole, 10.000 Maniacs. Fountains of Wayne, Annie Clark, Band of Horses o la posterior de Jackson Browne. També ha provocat anècdotes com l’homenatge que li van retre Belle and Sebastian quan van incloure un tros de la melodia en la cançó “If you’re feeling sinister”.

The Nitty Gritty Dirt Band – These Days

La cançó es pot trobar en la banda sonora de la pel·lícula “The Royal Tenebaums” del 2001.

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Las particulas elementales – Michel Houellebecq (1998)

La honestidad es un viaje sin retorno. Peligroso pero necesario, según Houellebecq consciente del mundo eternamente opinado en el que vivimos. Da igual que le odien o amen, que digan que su libro es basura, que si es la paja de un escritor guarro. Está de mala gaita y no va a callar. Culpa a los sentimientos de los males del mundo, de su existencia, de no saber manejarlos adecuadamente. El famoso libre albedrío. Houellebecq está harto de sentir, no entiende por qué debemos sentir. Sentir complica la vida al ser humano y es raíz de muchos males. Más aún en el mundo de la comunicación diaria que funciona a base de opinión. Cuando la opinión nace del sentir de la persona. Houellebecq está harto de la inacción que emana de la sobredosis diaria de acción. Que parece que se haga, que todo se mueve cuando no se mueve nada. Las cotizaciones suben y bajan como la gente de los aviones, las noticias vuelan de las cabeceras casi antes de leerlas, el partido de izquierdas sustituye al de derechas en el poder. Pero nada cambia. Houellebecq está harto de esta especie de suspensión vital temporal que se vive a tumba abierta (aparentemente). De la sonrisa de tergal y de los implantes dentales, de follar porque toca follar, de votar, de Sartre y del Mayo del 68, de las teorías y sus interpretaciones. De alzar la voz, montar una escena, de tener la razón. Del combinado de situaciones ridículas que conforman un dogma. La solución la propone Michel Djerzinski, el hermano científico de la historia. La utopía consiste en limpiar al ser humano de sentimientos por la vía de la manipulación genética. Ya. No se reiría mucho pero se evitarían muchos disgustos, los que ponen en peligro la vida. Quizás muchos no llegarían a viejos, pero lo harían libres de conflictos morales. Rápido e indoloro. La otra alternativa del libro de Houellebecq la aporta Bruno, el hermanastro de Michel en la novela. Bruno propone pasar la vida practicando sexo. Machacarse hasta reventar la libido por aquello que solo se vive una vez. O algo así. Entonces, a escoger: muerte o asilo. Manipulación genética como solución universal o el viejo juego del placer que nos hace la vida más llevadera. A saber

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Benzina – Quim Monzó (1983)

Hi va haver una època que es vivia més enllà del típic “bo” i “dolent” de les nostres vides. Més enllà dels simplistes “m’agrada” i “no m’agrada”. Els 80’s van obrir les ments a còpia de curiositat i d’accidents. A base d’or i morralla, vivíem com si la llibertat fos en risc d’extinció, com si fos l’últim dia de les nostres vides. I tampoc passava res.
Veníem d’una època molt dura en tots els sentits, difícil de superar des del punt de vista de la creativitat. Mancances i prohibicions havien esmolat uns criteris i uns talents que eren fets de fred i de foscor. De l’empatx de cares llargues i lamentacions, el calendari va dur un canvi de normes i criteris que tenia el vistiplau de la majoria il·lustrada. Al blanc i negre li calia color, a determinades expressions els faltava menys tibantor, la roba baldera estava bé però podia ajustar-se.
A partir dels 80’s, la gent del carrer no es qüestionava els gustos, volia acció. Tothom en tenia per donar i per vendre. No hi havien tantes manies.

 

 

La relectura de Benzina, una de les primeres obres de Quim Monzó, conserva el gust i les ganes. El ritme i l’absurd. Un món i un temps enllaunats, el realisme brut del moment. La narració busca els límits sense immutar-se. Traspuen les nits d’una mena de Barcelona ianqui,o d’una Nova York barcelonina, el gust per Salter, Salinger i Carver, l’experiència de l’autor a l’escola Massana i les diatribes artístiques de l’època. Com un orfebre, Monzó calibra els pesos de la història fins al punt just. El curs del llibre ha deixat alguns defectes: el temps verbal podria ser-ne un altre. O el ritme narratiu. El tractament del sexe, atrevit per l’època, ara es veu força caduc. Tot i això, el llibre retrata amb encert aquell inici de llibertat que va enganxar uns quants de nit pel carrer.
Recordo quan trobava Monzó al Bodeguín del carrer Herzegovina. Amb el professor Barnils. Jo entrava a comprar tabac, era l’excusa per mirar-me’l de prop una estona. Gran i gros, imposava com un Sant Pau dins d’un abrig llarg color cendra. El cabell estarrufat, la mirada desorbitada i els tics que el bellugaven com un retrat de Duchamp, com una escultura del futurista Boccioni. Una gàrgola del temps, coses del passat.

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