Libertad – Jonathan Franzen (2010)

- Todo gira en torno al problema de las libertades personales – explicó Walter -. La gente vino a este país por dinero o por la libertad. Si no tienes dinero, te aferras aún más furiosamente a tus libertades. Aunque fumar te mate, aunque no puedas dar de comer a tus hijos, aunque a tus hijos los mate a tiros un loco con un fusil de asalto. Puedes ser pobre, pero lo único que nadie te puede quitar es la libertad de joderte la vida como te dé la gana. Esa es la conclusión a la que llegó Bill Clinton: que no podemos ganar elecciones actuando contra las libertades personales. Y menos contra las armas, si a eso vamos.

667 páginas que son una profunda incisión. Hasta el hueso, abriremos, hasta astillarlo. Hurgar en la herida americana, parece que este es el propósito intelectual, esa es la tarea encomendada, una reflexión, otra más en el caso que nos ocupa. Familias acomodadas, modelo americano de origen escandinavo y judío, luchadores deprimidos, bebedores, infieles, republicanos o demócratas de salón, activistas ecológicos amantes de los pájaros. Amas de casa, fieles mujeres, madres abnegadas en la postal de una casa hecha con sus propias manos. Hijos que son un reflejo de los padres, del mundo que les rodea, como esas torres que se desploman, como el fin de un imperio que se alarga demasiado, como el desafortunado desenlace de una de nuestras series favoritas. Roqueros sin manías, amor con o sin sexo, sexo con o sin amor, ciclos creativos y autodestructivos, traiciones sin remordimientos, auto-lavado de conciencia.
De esta manera los personajes dan yesca al sacacorchos de la vida. Hasta destapar la botella, beber de ella, un largo trago que apague nuestros incendios o los reviva hasta reducirnos a cenizas. El aroma de una guerra injusta es lo huelen de la mañana a la noche, como un cadáver corrupto con el que han aprendido a convivir. Como todos esos cuerpos saltando de las torres, el drama favorito del que no quieren escapar para no perder su porción de depresión homologada.
Y mientras tanto, la libertad, tan real como indigesta.
Después del primer bocado, es imposible dejarlo. Aunque te arda el estómago, es tu veneno.
Y que nadie diga lo contrario.

Video entrevista de El País

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Hablando del asunto – Julian Barnes (1991)

Què seria l’art sense risc? Una paret de pedra pels ulls.
Un exercici necessari per alliberar (o buidar) els nostres racons foscos En aquest cas, es tracta d’un treball d’estil. Una manera intel·ligent de lluitar per l’atenció del lector amb el risc com company de viatge. Aquest desig de tibar de la goma de la comprensió fins el límit de la resistència. Volent, gairebé buscant el trencament definitiu.
El llibre el composen les confessions d’un triangle amorós d’una dona i dos homes. 238 pàgines de monòlegs, interns i externs, que contenen les raons i els records dels protagonistes. Sense gaire acció, el relat se centra en la contraposició de sentiments, en el testimoni personal d’uns fets. La  història va fent pels típics salons anglesos, per hotels impersonals que fan olor de convenció, per cambres de matrimonis i de solters, amb la pluja inevitable del Regne Unit com última paret. Sense uns contorns massa definits, tret dels que atorga el llenguatge, l’amor i les seves dèries són el marc recognoscible. Davant la manca de comunicació com el punt mort habitual de l’amor, l’autor obre l’aixeta de la paraula, la que barreja veritat i mentida, des de la concreció més absoluta al desconcert, de la vacil·lació malaltissa a la xerrameca desenfrenada.
Tres persones, dos amics d’infantessa i una dona. Un amor de dues direccions, el desig, el desig de ser desitjat, el desig de voler-ho ara mateix, sense tanques ni impediments. La traïció convertida en pillatge, vides fluctuant com el mercuri d’un termòmetre, fred i calor, dolor, violència, ignorància, egoisme. Egoisme com un enderroc controlat, l’enfonsament en forma d’implosió, la injustícia com l’esport nacional. La inacció. I, finalment, el martiri.
L’amor. Tres visions. Mai ningú podrà dir que la seva és la bona. Només que és la seva, més enllà de la raó. Com un testimoni, com una confessió. El paper de jutge una vegada més queda en mans del lector.
Benvolguda tasca.

 I spy – Pulp

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Aquelles Botes

You keep saying you’ve got something for me.
something you call love, but confess.
You’ve been messin’ where you shouldn’t have been a messin’
and now someone else is gettin’ all your best.

These boots are made for walking, and that’s just what they’ll do
one of these days these boots are gonna walk all over you.


You keep lying, when you oughta be truthin’
and you keep losin’ when you oughta not bet.
You keep samin’ when you oughta be changin’.
Now what’s right is right, but you ain’t been right yet.

These boots are made for walking, and that’s just what they’ll do
one of these days these boots are gonna walk all over you.

You keep playin’ where you shouldn’t be playin
and you keep thinkin’ that you’ll never get burnt. Ha!
I just found me a brand new box of matches yeah
and what he know you ain’t had time to learn.

These boots are made for walking, and that’s just what they’ll do
one of these days these boots are gonna walk all over you.

Are you ready boots? Start walkin’!

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Johnny Cash With His Hot and Blue Guitar! – Johnny Cash (1957)

cashprimerdisc

Esto comenzaba. Todos en la linea de salida listos para correr. ¿Hacía dónde? Nadie lo sabía. La sociedad yanqui en construcción empezaba a exigir un espectáculo más, que acompañara al cine, a la televisión en blanco y negro y a la radio. De consumo rápido y beneficio fácil, para todos los colores y edades. Algo con canciones cortas, que no se eternizara como las largas disertaciones de jazz, que no se podían radiar. Y alegres. Se aceptaban de amor inocente y también las de leyenda, los jóvenes necesitaban sueños diferentes. Trabajar, dinero, amor, familia. También, un poco de libertad y carretera, velocidad y aventura. Con algo más que luces de luna, paseos y pajaritas. El swing y el dixie se aceleraron y la gente de color volvió a la palestra con su capacidad para el ritmo y la alegría. El rock tomó forma. Pero faltaba algo, un estilo exclusivo para blancos, una onda antropológica para todos aquellos que aún se creían pioneros en el fin del mundo, esos que vivían lejos de la ciudad y arrugaban el entrecejo cuando oían esa manera fina de hablar. El negocio necesitaba referentes para esa porción de mercado, que siguiera al niño bonito de Presley. Y ahí salió Johnny Cash como exponente de un sonido que debía llamarse country, por el asunto de la raíz, pero que él, contaminado por el rock del momento, electrificó para que la cosa fluyera a velocidad de crucero. A partir de ahí, su carita sonrosada y bien afeitada, sus maneras relamidas para que el invento cuajara por esas partes de oreja dura y biblia del territorio. La historia de siempre. Para que luego al tipo le diera por cantar de cárceles y perdedores. Ponerse duro y reivindicativo. Y de aquí a la fama. Leyenda, incluida, por supuesto. Qué no serían estos tipos sin el mito.

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Relatos Salvajes – Damián Szifrón (2014)

Retrats de la vida, cinc situacions crues, la coincidència com motor i el mètode de la condició extrema i la injustícia com un test de resistència. Històries que podem haver viscut directament o indirectament, algunes amb l’aire de “Un dia de fúria” de Michael Douglas, i que obren en canal la nostra convivència. El malparit que reapareix i l’opció de la venjança, l’abús quotidià que fa perdre els estreps, infidelitats i pugnes d’un moment en el cos a cos de la vida… I les seves possibles solucions més enllà de la justícia pel mètode de la ficció lliure, trepitjant els terrenys de la moral. El terreny relliscós de la moral de cadascú. El joc del cinema i una de les claus del relat. Veure o viure-ho veient. El concepte del voyeur: com nosaltres no ho farem, o no pensem fer-ho, o no podem, que ho facin uns altres, pagant i malgrat saber que és comèdia. Cinema argentí, per cert. Amb la motxilla carregada amb Cortazar, Borges i Bioy Casares. Dues hores vibrant. Cinc històries.

Ideal per a un dia de merda.

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